¿Qué dice la Biblia sobre la infidelidad?
La infidelidad es una de las heridas más profundas que puede vivir una pareja. La Biblia la llama pecado con claridad, pero también habla de perdón, de restauración y de la dignidad de quien fue traicionado.
1. Dios pide fidelidad en el matrimonio
La fidelidad está en el centro de los Diez Mandamientos y el Nuevo Testamento la reafirma: el matrimonio debe ser honrado por ambos.
No cometerás adulterio. (Éxodo 20:14, RVA 1909)
Honroso es en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; mas a los fornicarios y a los adúlteros juzgará Dios. (Hebreos 13:4, RVA 1909)
2. Jesús habla también del corazón
Jesús enseñó que la infidelidad no empieza con el acto, sino en el corazón y en la mirada. Por eso la Biblia invita a cuidar los pensamientos y los límites antes de que una tentación crezca.
Oísteis que fué dicho: No adulterarás: mas yo os digo, que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. (Mateo 5:27-28, RVA 1909)
3. La infidelidad hiere profundamente
La Biblia no minimiza el daño: habla de la infidelidad como algo que destruye a quien la comete y rompe la confianza. Jesús la menciona como la excepción en la que el cónyuge traicionado puede separarse (Mateo 19:9). Las distintas tradiciones cristianas interpretan esa excepción de forma algo diferente, por eso conviene buscar consejo pastoral en tu propia iglesia.
Mas el que comete adulterio con la mujer, es falto de entendimiento: corrompe su alma el que tal hace. (Proverbios 6:32, RVA 1909)
4. Hay perdón para quien se arrepiente
David cometió adulterio y después escribió el Salmo 51, una oración de arrepentimiento sincero. Dios no rechaza a quien reconoce su pecado y vuelve a Él.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí. (Salmos 51:10, RVA 1909)
5. La restauración es posible, pero no es obligatoria
En el libro de Oseas, Dios usa la historia de un matrimonio restaurado para mostrar su amor fiel. Muchas parejas logran reconstruir la confianza con tiempo, arrepentimiento real y ayuda de un consejero. Perdonar no significa fingir que no pasó ni aceptar cualquier situación: si hay abuso o peligro, lo primero es la seguridad. Buscar ayuda pastoral o profesional es un paso sabio.
Y díjome otra vez Jehová: Ve, ama una mujer amada de su compañero, aunque adúltera, como el amor de Jehová para con los hijos de Israel; los cuales miran a dioses ajenos, y aman frascos de vino. (Oseas 3:1, RVA 1909)
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