Carta 01 • 10:48 PM
Página 10-11 · Bloque I
«En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.»
Salmo 4:8 (RVR1960)
Hijo mío,
Vi cómo llegaste a casa hoy. Vi el momento exacto en el que cerraste la puerta, dejaste caer las llaves sobre la mesa y te quedaste parado en silencio en medio de la sala, sintiendo que llevabas una tonelada sobre la espalda.
Has pasado todo el día siendo la persona fuerte para todos los demás. Resolviste problemas ajenos, pusiste tu mejor cara, contestaste mensajes con amabilidad fingida y te tragaste tus propias ganas de salir corriendo.
Pero ahora la puerta está cerrada. No hay nadie viéndote. Conmigo no necesitas ser el superhéroe de nadie.
No tienes que descifrar los próximos diez años de tu vida esta noche. No tienes que idear un plan perfecto antes de quedarte dormido. Yo ya estoy en tu mañana, y mientras tú duermes, Yo sigo cuidando de todo aquello que tú no puedes controlar.
Suelta el aire. Entrega tus pensamientos.
«Yo sostengo el universo con una palabra; ciertamente puedo cuidar de ti esta noche.»
— Con amor, Dios.
Carta 02 • 2:15 AM
Página 12-13 · Bloque I
«No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré.»
Isaías 41:10 (RVR1960)
¿Despertaste otra vez?
Sé lo que se siente abrir los ojos a mitad de la noche con el pecho apretado, con esa sensación incómoda de que algo malo va a pasar, aunque la casa esté en completo silencio. La ansiedad te despierta gritando que estás en peligro, pero mi Espíritu te susurra que estás a salvo.
Mira tus manos en la oscuridad. Siente el latido de tu pecho. Cada respiración tuya es un regalo que Yo te sigo dando porque tu historia en esta tierra aún no ha terminado.
Las sombras que tu mente dibuja a las dos de la mañana siempre parecen monstruos gigantescos, pero con la luz del amanecer te darás cuenta de que eran solo polvo. Ningún escenario que tu miedo invente puede anular la gracia que ya tengo preparada para ti en unas horas.
Apoya tu cabeza en la almohada. Cierra los ojos despacio.
«El miedo te cuenta una tragedia inventada, pero Yo tengo la última palabra sobre tu destino.»
— Con amor, Dios.